La salud de nuestros adolescentes La catedrática de Psicología Carmen Moreno dirige en España el informe de la OMS sobre la salud de los niños de 11 a 15 años.

Desde hace más de 30 años, 300 investigadores en 42 países de Europa y de Norteamérica recogen datos sobre la salud de sus niños de 11 a 15 años. Este estudio, llamado Health Behaviour in School-aged Children, encargado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y coordinado desde la Universidad de Bergen (Noruega), está dirigido en España desde el año 2000 por Carmen Moreno, catedrática de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla (US). Ya pueden conocerse los resultados de las últimas encuestas hasta la fecha, realizadas a miles de adolescentes entre 2013 y 2014.

Nacida en Zamora, Moreno llegó a Sevilla para ingresar en 1979 en la entonces neonata Facultad de Psicología. Eran los años en los que los terapeutas tenían que convencer a la gente de que su oficio tenía un sentido. Pero también fue el momento en el que se produjo el ‘boom’ de las Ciencias Sociales. Hoy recuerda apasionada cómo aquel terreno reservado antaño sólo a unos popes empezó a ocuparse por multitud de jóvenes investigadores que demostraron que su estudio en materias más recientes merecía ser tratado como el de las tradicionales. No obstante, reconoce, todavía supone una tarea convencer a las administraciones de que la Psicología es una disciplina científica que precisa de laboratorios y recursos.

“Estas dos últimas décadas han sido decisivas para lograr presencia internacional. Empezamos creando un pequeño grupo de investigación en la US, que hoy es enorme. En aquella época, junto a Jesús Palacios, iniciamos un estudio longitudinal con bebés que hoy tienen 30 años. También desarrollamos el primer informe en Andalucía sobre la prevalencia del maltrato infantil”, rememora sobre sus inicios. Actualmente, además de dirigir el estudio sobre los adolescentes, tiene en marcha desde hace 12 años varios proyectos de I+D en relación con la población adoptada y de acogida, entre otras líneas de investigación.

Su trabajo para la OMS, reconoce, es de los que más satisfacciones le ha dado en su carrera. Primero por su joven y entusiasta equipo, que procede sin horario, y con una actitud crítica, para seguir mejorando. “De este trabajo han salido varias tesis doctorales y publicaciones en grandes revistas internacionales”, se enorgullece. Y segundo, por haber seguido adelante a pesar de las vicisitudes que entraña investigar a este nivel en España: “Hay que ser resiliente, salvar obstáculos, lograr financiación y, cuando la tienes, como es el caso, pues el Ministerio de Sanidad siempre ha apoyado el informe, justificar cada paso. Se nos va mucho tiempo en burocracia”.

Dependiendo de la dotación económica recibida en cada edición han podido acceder a una muestra mayor o menor. En la que presentan en 2016, han logrado volver a encuestar a nivel nacional y también por comunidades autónomas. Un matiz importante e interesante, advierte, pues las políticas de intervención en este sector poblacional varían según el gobierno de cada región. Aunque el estudio internacional incluye niños hasta los 15 años, el equipo de Moreno llega hasta los de 18 y sus resultados son de los más completos entre los países participantes. “El muestreo está hecho de tal manera que cualquier adolescente de estas edades tiene la misma probabilidad de ser seleccionado, independientemente de si vive en una aldea o en la zona metropolitana de Madrid. Es una muestra muy fiable que nos da una foto muy precisa de los hábitos de nuestros chavales”.

P.- ¿Y cómo han evolucionado a lo largo de estos años?
R.- Positivamente en casi todos los aspectos. La intervención que se ha hecho desde la escuela ha ayudado a modificar hábitos en los que España salía muy mal parada tradicionalmente. Por ejemplo, el cepillado de dientes. La escuela sigue ejerciendo un papel interesante que se ve reflejado en niños tanto de capacidad adquisitiva alta como baja. También ha bajado el consumo de tabaco y de alcohol, ha mejorado la actividad física… Un ejemplo: el 12,2 por ciento de los chicos consumía tabaco diariamente en 2002 y lo hemos reducido al 5,6 en los varones y del 17,2 al 5,6 en chicas. Hoy hay más chicos abstemios. Es cierto que los que se emborrachan beben más que antes, pero en promedio hay una mejoría notable. Además, ha disminuido el bullying, aunque en este último informe nos preocupa el aumento del ciber bullying.

P.- Sobre lo que afirma en torno a la labor de la escuela, llama la atención que la imagen de esta institución, en cambio, esté muy deteriorada.
R.- Sí, y nuestros responsables deberían defender al sistema en vez de desacreditarlo. Este estudio nos permite ver cambios como, por ejemplo, el consumo de cannabis y cocaína a través del tiempo, lo cual nos ayuda a deducir la evolución de las decisiones que se toman en alto nivel para ser desarrolladas en los centros. Por ejemplo, se aprecia el descuido que la Administración está teniendo respecto al sida y el uso del preservativo. Ha habido mucha inversión en campañas sobre la píldora, que están muy bien para prevenir embarazos no deseados, pero se olvidan de las enfermedades de transmisión sexual.

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Peso e imagen

Como se aprecia en sus respuestas, Moreno no es en absoluto apocalíptica, aunque sí crítica, y lo que más le preocupa en relación con los últimos estudios es la cuestión de género, la situación de las chicas, un mal que afecta no sólo a nuestro país sino a muchos de los participantes, incluidos algunos de los más avanzados, como Canadá. “Las adolescentes tienen más problemas de salud y de bienestar emocional, se aprecian en muchos indicadores”, advierte.

Por ejemplo, casi la mitad de las chicas de 15 años (el 43%) cree que está demasiado gorda, pese a que sólo un 20% de ellas cumple los criterios de sobrepeso u obesidad. Mientras que en el caso de los chicos, su percepción corporal se ajusta más a la realidad (sólo el 22% a esa edad se ve con sobrepeso, el mismo porcentaje que realmente lo tiene). “Las chicas hacen dietas muy raras, se saltan el desayuno, por ejemplo, pero luego comen un dulce a media mañana, después se sienten mal…”, ejemplifica.

P.- Hablaba antes del descuido en temas de prevención de enfermedades de transmisión sexual (ETS). ¿Nos hemos despistado también en relación con estos problemas que afectan a las adolescentes?
R.- Sí. En mi opinión, hemos querido subrayar tanto que somos iguales que ahora nos encontramos con una cierta resistencia a admitir que hay diferencias y que necesitamos una atención diferente. Estamos detectando violencia de género entre adolescentes. Sabemos que este problema tiene un ciclo según el cual primero se va calentando el ambiente, sube el estrés, se produce el episodio de violencia y luego llega la reconciliación hasta que se vuelve a la situación de partida. Bien, en los chavales estos ciclos son muy rápidos y ellas no tienen conciencia. Lo estamos viendo, por ejemplo, en el control ejercido a través del teléfono. Estas cuestiones necesitan una intervención.

P.- Entre esas diferencias que expone también es destacable la presión social, mediática… a la que estamos sometidas las mujeres. ¿Tiene relación con los resultados del informe?
R.- La presión y el nivel de exigencia en las chicas son muy altos. Tenemos que ser madres, profesionales brillantes, demostrar que todo te lo has ganado por méritos propios, dejar patente que tu vida personal como madre no interfiere en tu vida profesional y, además, ser atractivas y seductoras. Es demasiado. En Andalucía, la Junta lleva a cabo la iniciativa Imagen y Salud, en la que están implicados recursos educativos, la industria de la moda, equipos deportivos… Propuestas de este tipo son fundamentales para reducir esa presión femenina, sería una conquista que el sector de la moda se implicara a la hora mostrar una imagen saludable.

P.- Hay un tema en el que no salimos mal parados, el apoyo familiar.
R.- Estamos muy arriba en relación con otros países. Se ha visto mucho en el caso de la crisis, por ejemplo. Si no llega a ser por la cobertura de las familias, la situación habría resultado mucho más dramática. En nuestro estudio se aprecia cómo la familia responde a las necesidades con los adolescentes. Lo bueno de estos informes es que además de darnos esa foto fija de nuestros jóvenes, también nos hablan de cómo lo hemos hecho como sociedad. La familia es un ejemplo que nos lleva a evitar ser apocalípticos.

En líneas generales, Moreno concluye que los esfuerzos deben ir encaminados a convencernos de que nuestros chicos son el futuro y que su bienestar es también el de todos, algo en lo que los nórdicos, recuerda, han brillado. Lo que poseen se sustenta sobre una idea de conciencia cívica, en esa dinámica de que si alguien tiene que mudarse dentro de la aldea, toda la aldea debe echarle una mano. “Es esa cuestión la que ha propiciado su riqueza, son los países que mejor han gestionado los bienes públicos. Actualmente estamos intentando montar un proyecto europeo que trabaje en esa filosofía, en cuestiones que ellos han gestionado muy bien. Tienen un sistema educativo magnífico en el que los padres están implicados, por ejemplo realizando trabajos para los centros en los que estudian sus niños”.

Menos deberes

Además, el foco debe ponerse en aquellos aspectos que han empeorado en el último informe. Así, la obesidad y el sobrepeso (no han aumentado pero siguen siendo datos preocupantes), el ciber bullying y los deberes, pues España sigue siendo uno de los países cuyos niños tienen más tareas para después de clase. Sobre este aspecto, Moreno cree que debemos exigir una reflexión desde la escuela para tratar de eliminar del sistema esos deberes repetitivos que todavía le exigen a nuestros escolares copiar en el cuaderno lo que está escrito en el libro de texto. “Los niños tienen que jugar. Por otra parte, cuando no se realizan los deberes, el estrés afecta a toda la familia. Y, además, se produce una desigualdad porque hay padres más formados que pueden ayudar a sus hijos pero hay muchos que no. La clave es enseñar a nuestros niños y adolescentes a pensar, a razonar, a ser individuos críticos… Los resultados parecen demostrar que los alumnos pierden el gusto por la escuela a partir de los 11 años, en cuanto les produce estrés. En estas cuestiones debemos centrarnos”.