La mecenas del flamenco Apasionada del jondo desde su juventud, Cristina Heeren ha demostrado que las tres disciplinas de este arte pueden aprenderse de forma reglada. Su fundación ha formado en 20 años a más de 6.000 alumnos

Desde la puerta se escuchan los acordes de un fandango. Un patio de luces preside la entrada; al fondo, se imparte una clase de guitarra española. Hay estudiantes chinos, japoneses, norteamericanos, españoles… A la misma hora, pero en la planta superior, un grupo de unas diez personas asiste a clase de cante. El profesor entona las indicaciones para una de las alumnas, mientras el resto de asistentes sigue el compás con las palmas. Estamos en la Escuela de Flamenco Cristina Heeren, situada en Heliópolis, junto al Estadio del Real Betis Balompié.

La historia de esta institución, una de las pioneras en reglar la enseñanza de las tres disciplinas del flamenco (baile, guitarra y cante), comienza hace 20 años. Pero la de su fundadora con este arte se remonta a su infancia. Su padre, medio español, medio americano, era aficionado al flamenco y quiso inocularle ese veneno. Cuando tenía 12 años, pasó a buscarla al internado en el que estudiaba en Inglaterra y se la llevó a Londres para que viera a Antonio el Bailarín. La joven quedó fascinada.

“Desde aquel momento, siempre que iba a un tablao, a un recital… iba con él”, evoca Heeren (Nueva York, 1943). Licenciada en Literatura Comparada por la Universidad de Columbia y con estudios de Arte Dramático de la escuela de Herbert Berghof, la norteamericana fue, antes de mecenas y dueña de su escuela, realizadora y montadora de cine. También se había formado en canto en París. Le atraían muchas cosas cuando era joven. Los animales y la etología, por ejemplo, y no le habría importado crear algo relacionado con este tema, reflexiona hoy desde una de sus aulas, en cuyas paredes lucen varios carteles de bailaores. Sin embargo, fue el flamenco el catalizador de su querencia por las artes, el que se impuso sobre las demás.

Mientras su oído se iba desarrollando, Heeren se enamoraba más y más de España. En 1975 cumplió el sueño de comprarse una finca en la provincia de Granada. Al principio, no tenía ni electricidad y dedicó sus primeros años en el sur a arreglarla junto a su marido. Entretanto, acudía a festivales de flamenco en distintos pueblos y ciudades andaluces. Empezó a seguir a cantaores como Calixto Sánchez, un nombre decisivo en su trayectoria. Tanto le gustó el trabajo del artisra, que le propuso producirle un disco, Castillo de Luna, que vio la luz en 1991. Al año siguiente, repitió la experiencia, esta vez con José de la Tomasa, junto al que produjo su primer espectáculo.

Aquel montaje fue el germen de la escuela. ¿Por qué no crear una institución que reglara el aprendizaje flamenco, un arte considerado anárquico por naturaleza, con un programa de amplia base cultural y académica? Era posible y Heeren lo demostró: en la calle Fabiola, gracias a una cesión del Ayuntamiento de Sevilla, fundó la primera sede, hasta que por un problema burocrático, “en una situación ya de desesperación”, decidieron comprar la casa de Heliópolis.

Se puede aprender a cantar flamenco

IMG_2757Fue en 1993, cuando iniciaron la actividad. Por aquel entonces, no existía nada similar en ningún lugar del mundo. Se diferenciaron de otras escuelas por reunir bajo un mismo techo las tres especialidades, incluida el cante, poco asociada hasta entonces a las clases. “Los cantaores se han beneficiado tradicionalmente de un ambiente familiar pero queríamos demostrar que se puede aprender a cantar flamenco al margen de dónde se haya nacido. Siempre ha habido buenos profesores de guitarra, pero no los había de cante”, concede. Fernando Iwasaki es el encargado de diseñar el programa académico, que incluye práctica y teoría, comprende tres cursos anuales con tres niveles progresivos -básico, intermedio y avanzado-, al cabo de los cuales se otorga el Título de Arte Flamenco.

Aquella primera época la recuerda como un tiempo de ilusión, trabajo y entusiasmo. Tenían aún pocos alumnos (sólo siete el primer año) y el ambiente de la recién nacida institución era muy íntimo. Poco a poco, fueron creciendo, hasta llegar a tener alumnos de 28 nacionalidades en un mismo curso. En total, han formado a más de 6.000 personas de medio centenar de países, de los cuales un 60% son españoles y un 40% extranjeros.

No fue sencillo que su apellido extranjero pasara a asociarse con naturalidad a la música andaluza en una ciudad como Sevilla. “Noté ese rechazo al de fuera en los primeros años”. No obstante, le importaba más su proyecto que las opiniones: “Quería una escuela en la que la teoría fuera importante. Domingo Ortega decía que torear no es dar dos pasos. Bien, pues lo mismo sucede con el jondo. Nos concentramos mucho en este aspecto y, además, lo que nos diferencia es que trabajamos mucho mirando al futuro profesional de nuestros estudiantes. De todas formas, nos gusta acoger a todo el mundo, cada uno aprende a su nivel y desde su percepción. Y con frecuencia te llevas sorpresas. Ahora, por ejemplo, tenemos una alumna polaca que canta tan bien que nunca podrías imaginar que viene de tan lejos”.

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De la Escuela han salido nombres como Rocío Márquez, Jeromo Segura, El Choro (del que ahora presentan su espectáculo), Rocío Bazán, Laura Vital, Argentina López, India Martínez, Manuel Lombo, Manuel de la Luz, Niño de Brenes, Luisa Palicio, Sebastián Cruz… Sus carreras son una prueba de que el método ha funcionado. Entre sus egresados, figuran premiados en grandes certámenes como el Festival del Cante de las Minas de La Unión o la Bienal de Flamenco de Sevilla.

Tirarse al mar por una pasión

A pesar del interés por la profesionalización, Heeren se empeña en que los aprendices no dejen sus estudios: “Nunca se sabe lo que te reserva la vida”. Han tenido alumnos de todo tipo, desde jóvenes de cualquier parte del mundo ilusionados con un futuro vinculado a este arte a gente mayor para la que las clases han sido una terapia o una ilusión que no han podido cumplir con anterioridad.

En una ocasión, tuvieron a un chico japonés que no tenía regularizados sus papeles. Sólo sabía decir en español flamenco y Paco de Lucía. Alguien le aconsejó mal diciéndole que si cruzaba a Marruecos, volvería a tener el visado de residencia temporal en España. Eso hizo y, cuando llegó el momento de volver, le negaron la entrada y le hicieron quedarse en Tánger. Así hasta en tres ocasiones. En la última, ya desesperado, se tiró al mar pensando que podría cruzar el Estrecho a nado. Acabó en el hospital. La anécdota la recupera Heeren para demostrar lo fuerte que puede llegar a calar esta pasión. “Creo que por humanidad acabaron dándole la residencia temporal. Y es que muchos llegan con una entrega inusitada, ahorran, dejan todo lo que estaban haciendo y a sus familias… hoy, por nuestra trayectoria y gracias a internet, nos conocen en muchos sitios; sin embargo, al principio, nos preguntábamos cómo habrían dado con nosotros”.

Las dificultades del mecenazgo en España

Defensora del mecenazgo, culturalmente vital en su país de origen, considera que España debería dar un paso adelante en las leyes que lo fomentasen. “Gracias a esto existen en Estados Unidos grandes museos, orquestas, compañías… lamento mucho que no ocurra lo propio aquí”. Su Escuela funciona de manera privada y a pesar de un déficit que ella misma cubre todos los años. “Me gustaría que la Administración asumiera algo… pero para mí lo importante es no dejar de hacer las cosas bien. Si eso implica un sacrificio, he de hacerlo. Existe una implicación pública escasa con el flamenco, para empezar porque sigue sin existir una escuela oficial. Tenemos escuelas oficiales de cocina, de peluquería… pero no de este arte. Entre el público todavía hay un gran desconocimiento de su riqueza, se sigue pensando que es folclore sin más”.

Foto del programa de mano Gala en la Hispanic Society NY

El presupuesto de la Escuela depende, en más del 50 por ciento, de las donaciones que, anualmente, aporta a sus cuentas su fundadora con esta voluntad de mecenazgo. Su aportación media anual en los últimos siete años ha superado los 270.000 euros, sumando un total de 1.891.000 euros entre 2008 y 2015.

En esa vocación de llevar más allá esta cultura, la Fundación ha concedido un total de 695 becas de formación -de ellas, 416 a andaluces-, financiadas con recursos propios de la entidad. La Fundación colabora, además, con diversas iniciativas sociales y educativas. Con la Consejería de Asuntos Sociales de la Junta de Andalucía y con los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Sevilla, ha acogido a jóvenes de zonas conflictivas de la capital andaluza, de Huelva y de Almería para su reintegración a través del flamenco.

Además, han implantado en el IES Carmen Laffón de San José de la Rinconada (Sevilla) un Bachillerato Flamenco. El coste lo asume la Fundación Cristina Heeren. “Es complicado que el flamenco pase a ser una enseñanza oficial, una carrera como tal, pero debería. Sin embargo, desde el cambio de sistema educativo en los años ochenta, las humanidades pasaron a un segundo plano, de modo que entiendo que el flamenco no tiene cabida aquí… y es una pena, sus letras también deberían enseñarse en los colegios. Lo que más tristeza me causa es que más gente no esté disfrutando del flamenco. Yo he comprobado que encierra tantos momentos mágicos que me gustaría que muchas más personas los disfrutaran”.

La nueva sede

En lo venidero, la Escuela Cristina Heeren se trasladará a la calle Pureza, en Triana, a una sede instalada en lo que antes fue un obrador de pan y repostería, y lanzará un documental sobre sus 20 años de trayectoria, una efeméride a la que acompañará un programa de actividades. Respecto al nuevo edificio, diseñado por Estudio Balbontín Arquitectos y construido por Sanor, ambas firmas sevillanas, dispondrá de una superficie de 1.500 metros cuadrados, en los que se distribuirán nueve aulas, un salón de actos transformable en aula magna, patios, oficinas, vestuarios y almacenes.

En el desarrollo y ejecución del proyecto participan la consultora de ingeniería GDConsulting y la firma canadiense de instalaciones escénicas Gala Systems representada por el prestigioso iluminador Freddy Gerlache. Las obras, con un plazo de ejecución de un año, estarán finalizadas en septiembre de 2016, de forma que el centro esté inaugurado y a pleno rendimiento a principios de 2017. La inversión total alcanzará los 3,8 millones de euros, con financiación íntegramente privada cubierta con donaciones de la mecenas norteamericana. 

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Una agenda cultural flamenca

El compromiso con la difusión del flamenco de la Fundación Cristina Heeren se materializa en su agenda de espectáculos. Este 2016, por ejemplo, lleva sus producciones al Udaipur World Music Festival 2016. El flamenco con sello ‘Heeren’ ha viajado en varias ocasiones fuera de las fronteras españolas: en octubre de 2015, ilustró con un recital de Luisa Palicio la Gala de la Hispanic Society of America en Nueva York; y presentó ‘Latido Flamenco de Sevilla’ en julio de 2015 en el Hôtel du Palais de Biarritz (Francia). Y tendrá gira internacional el espectáculo ‘Aviso: Bayles de Jitanos’ de Antonio Molina ‘El Choro’, estrenado en el Festival de Jerez 2016.

ANEA Producciones es la firma de producción y distribución de espectáculos, asociada a la Fundación Heeren desde 1999. Han participado en citas como la Bienal de Sevilla, el Festival de Marseille, el Flamenco Arts Festival de Santa Bárbara, el Días de Flamenco de Tel Aviv, el Flamenco Festival de Monterre y el Miami Festiva, entre otros. Un circuito escénico que ha recorrido con artistas como Israel Galván, Rafael Campallo, Úrsula López, Manuel Lombo, Luisa Palicio, Antonio Molina ‘El Choro’, La Choni, Maribel Ramos o Alberto Sellés.