Motoreta, moda sevillana para niños de todo el mundo Dos arquitectas crean una firma infantil que hoy vende en más de 100 países. Su clave, producción local pero pensamiento global

En un local ubicado en el centro de Sevilla, en ese entramado de calles próximas a San Luis que está convirtiéndose por días en un centro de nueva creación, con la llegada de decenas de negocios emergentes que aportan el runrún de una ciudad distinta, se encuentra el cuartel general de Motoreta, una empresa de moda infantil creada hace tres años por las arquitectas María Llerena y Cristina López-Lago y que hoy está presente desde Sevilla en establecimientos emblemáticos como Barnes en Nueva York y Beans en Tokio. En total, 120 puntos de venta en más de 100 países.

En el moderno y diáfano espacio que un día albergó su estudio se reparten hoy varios percheros con prendas de sus últimas colecciones, dibujos con nuevas ideas, muestrarios de telas… Antes de que esto sucediera, ambas habían pasado por el mismo trance que muchos compañeros de profesión, ver cómo su oficio dejaba de ser lo que era olvidando la imaginación por el camino.

“El componente creativo era lo que nos motivaba de la arquitectura y con la crisis desapareció. Dejamos de sentirnos cómodas y empezamos a pensar en reinventarnos”, cuenta Cristina López-Lago. Además, esta pacense que reside en el casco histórico de Sevilla desde su etapa universitaria, había sido madre, una experiencia que le dio la idea de crear moda para niños. “No deja de ser un proceso creativo similar a la arquitectura”, considera. Tenía también nociones de costura, así que se puso manos a la obra y creó una pequeña colección. Hoy están preparando la séptima y el volumen de negocio ha ido duplicándose en cada temporada. Acaban de regresar de un tour de trabajo en París, Nueva York y Tokio cuando reciben a Sevilla World para la entrevista.

Producción local, pensamiento global

Junto a Llerena, su socia, que se encarga de la imagen de marca, las diseñadoras presentaron aquellos primeros modelos en distintas ferias ya bajo el nombre de Motoreta, una palabra que dialogaba bien con lo que querían transmitir, pues remite a la nostalgia, a aquellas bicis de su infancia con un diseño tan especial, pero con un punto gamberro. Además, una motoreta es también una moto pequeña. “Tuvo muy buena acogida y enseguida recuperamos la motivación personal y profesional”, celebran.

Desde un primer momento, concibieron Motoreta como una firma internacional, a sabiendas de que el panorama español era complejo. “Centrarnos sólo en nuestro país podía llevarnos a la apreciación de que nuestro producto no era bueno porque no se iba a vender. Hoy casi cualquier idea debe pensarse con una dimensión internacional. No imaginamos a un cliente que responda a una localización. Nuestra ropa la puede vestir un niño español, de Japón o de Italia. Mucha gente nos pregunta por qué no diseñamos algo para la Feria de Abril, por ejemplo, pero nuestra máxima es otra. Producimos localmente pero pensamos globalmente”, aporta Cristina.

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Presumen de la relación que clientes y medios han visto entre sus diseños y el mundo de la arquitectura. Los suyos son patrones simples pero sofisticados, con predilección por la sencillez en colores, líneas, geometrías, estampados, volúmenes… Además, cada colección intenta contar una historia que siempre tiene relación con ellas. Por ejemplo, la de esta primavera verano 2016 está inspirada en las salinas de Cádiz. “Es un lugar muy especial para nosotras. Siempre intentamos que haya referencias de nuestro entorno más cercano pero no de una forma tópica. Buscamos otra manera de llevar el lunar o los volantes a una prenda. Igualmente, en los estampados, también creados por nosotras, hay elementos de nuestra tierra, como la grulla que aparece en algunos de nuestros últimos modelos”, explica María.

Además, Motoreta, que tiene ropa de nueve a 24 meses en bebés y de tres a 12 años en niño, plantea una línea muy ponible, cómoda y adaptable a estilos diferentes, siempre huyendo del clásico diseño infantil centrado en el color y en elementos naif. Los tonos neutros e incluso el negro, al que muchos padres le han perdido el miedo, son habituales en sus conjuntos. En el caso de las niñas, se toman como una lucha personal contra el machismo fulminar el rosa como una obligación en su indumentaria.
“Elegimos siempre algodones o fibras naturales y le damos importancia a las texturas, tejidos que hagan especial a una prenda, que le den cuerpo, volumen… esta es la clave de nuestra próxima colección. Queremos dar un paso dentro del sector infantil, llevarlo más allá”, adelantan.

El público que compra sus prendas busca esa diferencia. “Hay padres que tienen buen gusto vistiendo pero que no prestan demasiada atención a hacer lo propio con su hijo, y eso que cuesta igual de barato hacerlo bien que mal. Muchas veces es sólo cuestión de pararte a pensarlo. Poco a poco, esta mentalidad va cambiando, el sector está avanzando y el público empieza a seguir las tendencias”, advierte López Lago.

No obstante, aunque permacen atentas a las modas y viajan con frecuencia a ciudades como París para ver lo que se impondrá cada temporada, sus diseños están también pensados para ser atemporales y heredados, una peculiaridad habitual del mundo de la moda infantil. Por eso la calidad y el remate impecable en cada prenda es prioritario para ellas. “Más que en modas, pensamos en ideas que queramos transmitir, como en la colección de Primavera Verano 2016, donde hemos buscado evocar sensaciones relacionadas con la costa, el viento, el mar y las salinas, ese espacio mágico del que no sabes si es sal, nieve…”.

Nunca se han planteado producir fuera de España; al contrario, tuvieron claro que querían controlar en todo momento quién estaba haciendo sus prendas, por eso sortearon la tentación de ahorrar costes en países como China o India. “Cada semana recibimos ofertas para que fabriquemos fuera pero siempre nos negamos, no sabes qué puede haber detrás de esos precios. Este es nuestro granito de arena a la guerra por una moda ética. Incluso en los tejidos, procuramos siempre que sean de nuestro entorno, de España, Portugal, Francia, Italia… Trabajamos sólo con proveedores que conocemos y desechamos todo lo que por distancia deja de tener sentido”, detalla rotunda Llerena.

Además de la dificultad para encontrar un lugar de producción local, también los comienzos fueron arduos debido a la ausencia de subvenciones. Por cómo está concebida la marca, se quedan fuera de ayudas porque los organismos que las conceden entienden que Motoreta ya está internacionalizada. “Todo lo que hemos sacado adelante lo hemos logrado nosotras y la empresa está creciendo a un ritmo muy rápido”, se alegran.

A medio plazo, a Cristina y María les gustaría abrir una tienda Motoreta en la que vender una gama de productos que abarque, entre otras cosas, mobiliario, ropa de cama y complementos, campo en el que ya están trabajando. “Podría ser en Madrid, París, Tokio, Nueva York… nos encantaría tener una en Sevilla por la ilusión de poder ver tu marca en tu ciudad pero tenemos que pensar en aquellos lugares en los que el producto va a encajar mejor”, admiten. Corea, Japón y Estados Unidos son sus principales clientes. Sólo un 5 por ciento de sus ventas se factura en España.

Un sector textil alternativo en Andalucía

“No dejamos de sentirnos orgullosas de haber levantado una marca de estas características desde Sevilla, pero estamos alejadas de eventos, de círculos de producción y de medios especializados. En alguna entrevista han puesto que somos de Barcelona porque no les cuadra que esta línea se haga en Sevilla, donde la moda infantil es muy tradicional. Y eso que somos modernas-clásicas, nuestras creaciones no son nada estrambóticas. Nadamos a contracorriente trabajando en esta ciudad pero creemos en que hay que batallar por un sector textil alternativo en Andalucía”, apuestan.

Además, reconocen que en la capital andaluza hay nuevos creadores de valía pero aún hace falta, oponen, dos características básicas para el emprendimiento: perder el miedo al fracaso y destreza en los idiomas. “Si Motoreta fallara yo volvería a montar algo con María inmediatamente. Esta mentalidad todavía no ha calado aquí. De igual manera, hay empresas que aún se gastan dinerales en contratar traductores. No se trata de tener el mejor inglés sino el suficiente para poder conocer a tu cliente cuando se acerca a tu stand”, observa Cristina.

Aunque han estado en desfiles, consideran que este no es un canal de promoción demasiado efectivo. Por otra parte, tampoco se imaginan a una niña delgada posando con sus prendas sobre una pasarela, por eso prefieren esforzarse en participar en ferias internacionales y en vender su marca con vídeos y catálogos que tengan relación con sus ideas.

MOTORETA-SS16-07De hecho, los niños que los protagonizan son los de López-Lago y algunos amigos de ellos. “Nos hemos planteado dar el paso a modelos profesionales pero es bonito que los clientes identifiquen la marca con los mismos niños, verlos crecer con ella. Por otra parte, no representan el arquetipo de belleza infantil, Ramón es un chico delgado, Manuela es corpulenta, Martina tiene una fisonomía alejada de los cánones habituales… demuestran de que la esta es una moda real, de prendas que sientan bien. Ellos son los primeros que alucinan al verse y, a la vez, aprenden a valorar todo el esfuerzo que hay detrás, se sienten parte del equipo, pues nos han visto irnos fuera, echar horas y horas…”, explica la madre.

Quieren seguir creciendo, aumentar el número de artículos por temporada y abarcar más sectores. “Somos muy críticas con nuestro trabajo, procuramos mejorar en cada colección y tenemos en cuenta que en el mundo de la moda es necesario cada temporada revalidar todo lo que haces, pero lo estamos disfrutando mucho”, sonríe María. Su socia remacha: “Hemos aprendido muy rápido, casi a modo de ensayo-error, pero no podemos estar más satisfechas”.