Rocío García Ramos, el diseño para mejorar la vida Diseñadora, arquitecta y solucionadora de problemas, es pionera en España en el método Design Thinking. Su carrera ha ido aparejada con la excelencia. Intel la nombró una de las jóvenes más influyentes del mundo
Marta Caballero

Cuando era una niña, Rocío García (Sevilla, 1985) ya era solucionadora de problemas. Si un grifo goteaba, trataba de encontrar la manera de arreglarlo, aunque fuera con papel de plata; si alguien se sentía triste, se las apañaba para hacerle sonreír. Su madre le vaticinaba que en el futuro sería ingeniera, pero ella tenía alma de diseñadora. Convertida hoy en una precursora del Design Thinking en España, esta sevillana atesora numerosos galardones y una carrera deslumbrante, ligada a la excelencia. Nos lo cuenta en la Escuela Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad de Sevilla, donde la eligieron para impartir formación de emprendimiento a profesores y alumnos.

Profesora de Innovación y Trabajos Fin de Grado (TFG) en la Escuela Universitaria Elisava de Ingeniería y Diseño, de Barcelona, ha trabajado en el sector público y privado como consultora de diseño estratégico y formadora en Design Thinking para distintas universidades de España y Latinoamérica. Cuando sólo tenía 25 años, fue elegida Talento Emergente por el periódico El País y en 2013 fue seleccionada por Intel como uno de los 20 jóvenes innovadores más influyentes a nivel mundial.

Estudió Arquitectura en la Universidad de Sevilla, pero durante la carrera se percató de que lo suyo era el diseño: “Entonces no sabía cómo se llamaba aquello que me apasionaba, pero ya iba a todas partes con un cuaderno de ideas. Dibujaba cosas y las compartía con mis amigos… ingenios de todo tipo, desde una hielera que fabricase helados a un cenicero que contase cuántos cigarros había consumido el fumador, para ayudar a dejar de fumar”, recuerda.

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En aquella época de estudiante, uno de sus profesores le abrió los ojos. Identificó cuál era su verdadera vocación y empezó a prestarle libros de Diseño Industrial. “Me los bebía”. Cuando llegó el momento de realizar el proyecto de fin de carrera, se le ocurrió diseñar un parque. “Me suspendieron porque había metido cosas que no me habían enseñado, estructuras de policarbonato, un forjado de las plantas intermedias que colgaba del techo… además, había diseñado todo el mobiliario del parque. Juan Caso, mi profesor de Construcción, me dijo que si era capaz de definir al detalle el mobiliario, sería capaz de trazar un edificio. Al final aprobé con una nota baja y fui al tribunal no para subirla sino para aprender. El presidente me comentó que parecía que mis diseños habían salido de un estudio de Barcelona. Aquello me marcó”.

Dejar un trabajo fijo para encontrar la vocación

Antes, García ya se había acercado a ese mundo. Quedó segunda en un concurso nacional del campo y había contactado con la Asociación de Diseñadores Andaluces, que le recomendó cursar en Barcelona el Máster en Diseño de Producción de Elisava. “Por entonces llevaba dos años trabajando para la Junta de Andalucía, en la Consejería de Cultura, dentro de la oficina que gestionaba Mosaico, un sistema informático con toda la información patrimonial de Andalucía. Tenía 24 años y estaba creciendo mucho a nivel profesional, vivía en el centro con dos amigos, tenía un buen horario y un buen sueldo. Pero no era mi camino“. En 2012, con el apoyo de su familia, decidió mudarse a Barcelona.

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Una vez allí, todo lo que aprendía le resultaba fascinante. Al mismo tiempo, empezó a presentarse a concursos de diseño, con mucho éxito. Ha sido ganadora o finalista en una decena de premios nacionales e internacionales y en concursos convocados por organizaciones como Autodesk, Core77, la Fundación James Dyson y la NASA Singularity University. En esa época Intel la seleccionó como uno de los jóvenes más influyentes del mundo y la invitó a Canadá.

“Aquello me hizo darme cuenta de que si quieres, si te esfuerzas y no dejas de formarte, puedes conseguir cualquier cosa. He superado muchos miedos, a montarme en avión, a hablar en público… Me decía ¿voy a dejar de ir a un congreso en México por eso? ¿No voy a compartir mi conocimiento con los demás por temor? Por suerte nunca he sido feliz en la zona de confort, necesito salir y desarrollarme constantemente”.

La revolución del Design Thinking

En la parte del master destinada a conceptualización descubrió el Design Thinking. Vio enseguida que era un método muy útil y que se alineaba con su forma de pensar. “La diferencia con otros procesos de trabajo es que se fundamenta en la búsqueda de soluciones basadas en las necesidades de las personas. Hoy en día hay muchas empresas que lanzan productos sólo por vender pero que no solucionan problemas. Me cuesta entender por qué existen… ahí es donde entra el Design Thinking”.

Apasionada con ese nuevo mundo que acababa de descubrir, empezó a formarse y a investigar en la materia. Un día, volviendo de Sanlúcar de Barrameda con sus padres, se dio cuenta de que el dominio designthinking.es estaba libre. Lo tuvo claro: crearía una plataforma para que otros pudieran acceder al método en español, un sitio en el que pudieran formarse, comprar material… Lanzó una campaña de crowdfunding y consiguió el dinero suficiente para poder pagar a los desarrolladores.

VÍDEO: ANDREA BENÍTEZ

Por fin, el 1 de noviembre de 2014, la subió a la red y ya ha superado las 80.000 páginas vistas y recibe visitas de más de 100 países“Me llegan mensajes de todo el mundo. Pero, además de la gratitud y el refuerzo que recibo, la web me ha abierto muchas puertas profesionales para colaborar con empresas del sector de la banca, de la construcción, de la educación… No soy la pionera, hay más gente en España que trabaja con Design Thinking, pero sí fui quien aprovechó la oportunidad de darle visibilidad entre la comunidad hispanohablante”.

Como solucionadora, Rocío se centra en entender las necesidades de las personas respecto a un producto, un servicio… “Trato de ver cómo se relacionan, y los redefino o desarrollo a fin de mejorar la empresa. En realidad, a cualquier cosa relacionada con las personas puede aplicársele Design Thinking”, explica.

En transformación digital que hoy viven muchas compañías, este método es un gran aliado, pues el proceso implica también un cambio cultural, de mentalidad. “Hace dos semanas me reuní con Google, que estaba interesado en estos aspectos. El planteamiento que hacemos es ver cómo trabajan los empleados, qué manías tienen, detectar los puntos de conflicto antes de que lleguen a convertirse en problemas. Es positivo, además, que el cambio no esté sólo en la dirección sino que parta también de los empleados, que ellos mismos ideen posibles soluciones”.

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“Quiero aplicar mi experiencia en Sevilla”

Rocío habla con verdadero entusiasmo de su trabajo. De cómo fomenta el pensamiento disruptivo, de cómo se busca quedarse fuera del status quo y de cómo para cualquier problema pueden aparecer decenas de soluciones. “En una ocasión trabajé con una cervecera que necesitaba resolver un reto. Éramos cuatro personas y aplicando Design Thinking logramos generar más de 300 propuestas”.

En Navidad, esta profesional regresará a vivir a Sevilla. Su trabajo como consultora ya le reporta más ingresos que Elisava y sabe que la web que creó va a demandar cada día más atención y esfuerzo, pues no para de crecer. “Cada día más gente conoce que este método, si se sabe utilizar, tiene probado su éxito“, garantiza. “En Sevilla quiero apoyar mucho mi trabajo con formación, ayudar a empresas a que creen estrategias, a identificar áreas de oportunidad. Me encantaría, por ejemplo, colaborar con la Universidad para mejorar sus servicios, o trabajar en la experiencia de los ciudadanos en la calle, en los hospitales… eso es lo que me mueve, mejorar la vida de las personas”.

Está segura de que asistimos a una revolución de la que ella es miembro activo. La economía compartida, las nuevas formas de aprendizaje digital… todo empuja para que se produzca el cambio que antes mencionaba, para que las empresas se preocupen de tener empleados felices, que se diviertan con su trabajo, y dejen de centrarse en la vieja máxima de calentar la silla. “Hay quien no lo quiere ver pero hoy si no aceptas que esto está sucediendo, te quedarás atrás. Llegarán nuevas compañías que te pasarán por delante. Cuando imparto formación me alegra ver que la gente ve las posibilidades del Design Thinking, comprobar que hacen la misma conexión neuronal que hice yo en su día. En esta línea quiero continuar desde Sevilla, si es posible junto a un buen equipo que tenga ganas de generar el cambio en la ciudad, intentar abarcar el mayor número posible de personas y de empresas”.

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