La creatividad como clave Alejandro Masferrer fundó una agencia de publicidad reconocida internacionalmente. Hoy viaja por el mundo como asesor de estrategia. Con una campaña de crowdfunding lanzó Triggers, aplicación que ayuda a la creatividad

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Marta Caballero

La carrera meteórica de Alejandro Masferrer habla de un profesional en constante movimiento, obsesionado por no dejar de aprender. Hoy está en Tallin (Estonia) como asesor independiente para empresas de creatividad pero antes ha residido y trabajado en ciudades como Madrid, Estocolmo y Londres. Sólo tiene 30 años. A los 27, fundó una empresa hoy reconocida internacionalmente y con grandes multinacionales en su cartera de clientes.

11701028_981394201906348_361173032868756934_nMasferrer nació en Sevilla en 1986 y vivió hasta los 22 años en la céntrica zona de San Juan de la Palma. Desde niño había mostrado inquietud por el diseño, le apasionaba plasmar una idea sobre el papel. Cuando tenía ocho años, editaba una revista escrita y diseñada a mano, con imágenes recortadas, y se la vendía a sus padres y a otros familiares. También realizaba proyectos de investigación, comenta riéndose, al recordar aquel en el que intentó descubrir el misterio de los Reyes Magos. “¿Existen o no?”, rezaba el título. No era el mejor en el dibujo pero pronto supo que para ser un buen diseñador aquello no era lo más importante.

Antes de entrar en el centro de estudios Ceade, había probado con el diseño industrial, pero desistió porque su carácter creativo no casaba demasiado con aquella formación tan técnica. Una vez se hubo matriculado en el grado de Diseño Gráfico, agradece, fueron sus profesores quienes le inculcaron el gusto por el oficio. Su primer contacto con el mundo profesional se produjo en el Estudio DOT, como becario. En la empresa valoraron pronto sus aptitudes y le hicieron fijo. Dos años después, se le habían quedado pequeños el estudio y la ciudad.

“Conseguí un nuevo trabajo en Base, un estudio internacional de diseño, y me incorporé a la plantilla de su sede madrileña. Allí realicé proyectos para la Casa Encendida, el Museo Reina Sofía… sobre todo, mis clientes eran culturales, así que empecé a especializarme en este tipo de encargos”, reseña Masferrer, que se benefició del carácter internacional del equipo y de la experiencia de trabajar en una ciudad como Madrid.

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Había destacado en print pero pronto vislumbró que si quería seguir evolucionando, su formación debía pasar por el diseño digital. “Me dije: estoy trabajando y sólo tengo 23 años pero me las voy a ver canutas si sigo sólo diseñando catálogos”, recuerda. Dicho y hecho, después de barajar distintas posibilidades, abandonó su puesto para estudiar en Hyper Island, en Estocolmo, una escuela que funciona sin horarios y sin profesores y en la que los alumnos aprenden casi por su cuenta, a través de sus propios errores, con métodos como el Design Thinking. “Aquella experiencia me cambió la vida, no sólo por cómo era la escuela, que me ayudó a conocerme como diseñador, sino por los compañeros que conocí y que hoy son como hermanos”.

Fundar una agencia revolucionaria

Junto a esos colegas a los que alude dio el giro a su carrera que le llevó a convertirse en un profesional de primer nivel. Fundaron la hoy premiada The Pop Up Agency, en la que ha sido diseñador hasta hace seis meses. El secreto de su éxito se lo dieron sus propias condiciones de vida. De lunes a viernes tenían que estudiar en la escuela y sólo contaban con el tiempo del fin de semana para trabajar, de modo que idearon una agencia que resolviera proyectos en 24 horas. El modelo funcionó y pronto empezaron a entrar clientes como Facebook, Adidas, Yves Saint Laurent… “Queríamos demostrar que hoy no necesitas una gran sede ni tiempos demasiado largos para ejecutar un encargo. En su momento era una idea muy novedosa, ahora es un sistema mucho más mainstream”.

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El equipo de The Pop Up Agency.

La clave, asegura, es ser distinto y ofrecer algo muy claro sin repetir lo que otros dicen. “Se trata de mantenerte firme en tu propuesta aunque responda a un súper nicho. Confiar en que si es buena, alguien la cogerá. También nos ayudó mucho preguntar exhaustivamente al cliente qué era lo que quería, poníamos mucho empeño en las reuniones de expectativas. Consiste en entender el problema a la perfección y luego aplicar una metodología paso a paso, aunque con posibilidad de ser flexibles”.

Esta flexibilidad se aplicaba en todos los aspectos de la empresa, pues decidieron desde el primer momento rotar en las tareas. Todos se reunían con el cliente, todos diseñaban… esto a pesar de que los integrantes eran de diferentes disciplinas como Ciencias Políticas, Comercio Electrónico, Empresariales… “Tomábamos las decisiones finales en grupo, de esas reuniones salía la dimensión del proyecto”.

Del diseño a la estrategia

Con The Pop Up Agency, Masferrer ha estado -trabajando y como ponente- en ciudades como Shanghai, Nueva York, Amsterdam, Londres… y ha pasado por los Oscars de la Publicidad: Cannes Lions. Su experiencia como empresario, celebra, no pudo ser mejor, pero de nuevo la inquietud le llevó a hacer las maletas y buscar nuevas perspectivas. En esta ocasión, decidió que se centraría en otro aspecto del oficio en el que venía destacando, la estrategia, y se convirtió en un consultor independiente para transformar la cultura de trabajo de las empresas. Labor que compagina con su faceta de profesor en IEDE y en Elevisiva.

“Continúo como consejero en la junta de The Pop Up Agency pero ya no soy socio. Hasta hace poco no he entendido que lo importante para un diseñador es desarrollar una forma de pensar. Creo que mi virtud es que tengo una mente analítica, soy capaz de enfrentarme a problemas complejos y simplificarlos. Esta aptitud la puedo aplicar en ideas y diseños de catálogos, webs… pero también a lo que me dedico ahora, a diseñar cultura y negocio para que sean útiles y prácticos. La salida más lógica era aplicar este pensamiento a la asesoría de empresas de creatividad”, explica.

El trabajo en su agencia le ayudó a ver esta posibilidad, pues le mostró las frustraciones y carencias de muchas marcas para las que trabajaban. Males relacionados con la relación entre los departamentos, con la resolución de conflictos… “Siempre he tenido un fuerte sentido de la justicia, de verdad deseo que las cosas vayan mejor, y esto puede trasladarse a una creatividad más colaborativa, más curiosa… Estoy convencido de que la creatividad no es una herramienta, sino que es la clave, tiene que empapar toda la cultura de una empresa. En el futuro, me gustaría aplicar esta línea a sectores públicos, a la política, a ciudades… en general, a cualquier cosa que haga bien a la gente”.

Un crowdfunding logrado para su herramienta Triggers

El diseñador lanzó recientemente una campaña de crowndfunding para desarrollar la herramienta Triggers, ideada para que la creatividad de agencias de publicidad y profesionales independientes pueda desarrollarse de un modo más sencillo, fácil y efectivo. Antes del tiempo que se marcó en la web Kickstarter, logró el 100% del dinero requerido.

Masferrer no descarta regresar a Sevilla. Cuando en junio finalice su trabajo en Tallin, volverá a Barcelona junto a su pareja, pero admite estar algo hastiado de las grandes ciudades después de los casi tres años que pasó en Londres y viajando de un sitio a otro. “Creo que la tendencia va a ser residir en capitales de provincia, es donde me veo. No sé si en Sevilla de momento, aunque me gustaría seguir conectado con mi ciudad”. En este sentido, hace dos años desarrolló, junto a Jorge Penádes, el proyecto Un Perro Andaluz, en el que recogían testimonios de personas que no cumplían con el estereotipo de la región: “Gente de fuera que ha hecho proyectos en el sur porque siente algún tipo de conexión, por ejemplo, o andaluces que hacen cosas diferentes. En cierta forma, es similar a lo que hacéis en Sevilla World. Fue una experiencia interesante y me gustaría retomarla de alguna manera”, adelanta.

Consejos para ser un knowmad del diseño

1.- Funcionar con menos. Comporta renunciar a un alquiler alto y no acarrear demasiados bienes materiales. “Si tienes una pareja, ambos deben saber a qué juegan. Esta vida es imposible con hijos, perros, gatos o plantas”.
2.- Pensamiento global. Los problemas que pueden tener las empresas de Sevilla, Madrid, o Barcelona, son los mismos que los de Londres, Berlín o La Paz. “En la cultura visual en la que se mueve un diseñador, es posible contemplar el mundo como tu mercado”.
3.- Conocer gente de todas partes. “Siempre que voy a una ciudad mando ‘mails’ previos para cuadrar encuentros con personas cuyo trabajo me interesa. Se trata de tomarte un café y de que tú cuentes y ellos te cuenten para enriquecernos los unos a los otros”.
4.- Asistir a eventos. Es fundamental acudir a conferencias y ferias de tu sector para conocer lo que se está haciendo en cualquier parte del mundo.
5.- Plataformas de economía colaborativa. Uber, Airbnb, etcétera, ayudan mucho a los profesionales cuya oficina puede estar hoy en Londres y mañana en Madrid.

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