La Sevilla termosolar inspira el avión del futuro limpio La aeronave 'Solar Impulse 2', propulsada únicamente con energías renovables, completa en Abu Dhabi su vuelta al mundo un año y cuatro meses después de haber iniciado el viaje
Puente Eventos
María Ángeles Guzmán

Dar la vuelta al mundo en un avión propulsado con energía solar ya no es ciencia ficción. En la mañana del 23 de junio de 2016, el Solar Impulse tomó tierra en Sevilla tras despegar tres días antes desde el aeropuerto JFK de Nueva York, completando así el primer vuelo trasatlántico sin consumir una sola gota de combustibles fósiles.  Después de quince días en el aeropuerto de San Pablo, el avión ha partido rumbo a El Cairo, penúltima etapa antes de completar su vuelta al mundo. El proyecto ha sido impulsado por los pilotos suizos Bertrand Piccard y André Borschberg con el objetivo de demostrar el gran potencial de las energías renovables aplicadas a las nuevas tecnologías.

Piccard y el otro piloto al culminar su vuelo a Sevilla

Sevilla: penúltimo aterrizaje antes de terminar la vuelta al mundo

La aventura comenzó en el año 2005 cuando el médico y psiquiatra Bertrand Piccard y el ingeniero André Borschberg (ambos de nacionalidad suiza) decidieron poner en marcha un proyecto que transmitiera un mensaje acerca del uso de las energías renovables y su capacidad para cambiar el mundo de mano de las nuevas tecnologías. Superados los problemas iniciales de financiación, en 2009 se realizaban los primeros vuelos de prueba con el objetivo final de dar una vuelta al mundo propulsados únicamente con energía solar. Y así, el 9 de marzo de 2015, el Solar Impulse II, tripulado por Borschberg, partía de Abu Dhabi (Emiratos Árabes) hacia Muscat (Omán) para iniciar un periplo de varios meses de duración y 35.000 kilómetros.

Tras haber volado por Omán, India, Myanmar, China, Japón y Estados Unidos a lo largo de quince etapas, el Solar Impulse 2 ha completado en Sevilla su penúltimo viaje antes de finalizar la vuelta al mundo. Tripulado en esta ocasión por Piccard, el avión partía el 20 de junio de 2016 desde el aeropuerto JFK de Nueva York recorriendo, de una sola vez y alimentado únicamente con energía solar, los 6.300 kilómetros que separan a la metrópoli norteamericana de la capital andaluza. A las 7:39 hora local del 23 de junio de 2016, el avión aterrizaba en el Aeropuerto de San Pablo escoltado por dos cazas Eurofighter y por la Patrulla Águila del Ejército del Aire español. Su compañero, André Borschberg, ha explicado que la elección de Sevilla como punto de llegada de esta etapa ha obedecido a razones geográficas y meteorológicas, pero también a que ha sido una de las primeras en apostar por las energías renovables. En Sevilla se han ideado, diseñado y construido los parques de producción de energía termosolar más avanzados del mundo, con grandes torres termosolares. Son la Plataforma Solúcar, construida por Abengoa en Sanlúcar la Mayor, y Gemasolar, construida por Sener en Fuentes de Andalucía. A ello se une el protagonismo internacional de la industria aeronáutica de la ciudad, que recientemente acogía una nueva edición de Aerospace, el certamen industrial más importante del sector aeroespacial en España.

Un futuro con energías limpias

Solar Impulse 4Bajo el lema «Future is clean», el Solar Impulse 2 no pretende convertirse en un prototipo de avión comercial para el transporte de pasajeros sino demostrar los logros que se pueden alcanzar aplicando las energías renovables a la vida diaria. Con un peso similar al de un turismo familiar, el avión alcanza una velocidad media de 70 kilómetros por hora. Las más de 17.000 células fotovoltaicas desplegadas sobre sus alas, y las cuatro baterías que almacenan la energía solar, propulsan las hélices únicamente con energía limpia. Está dotado de cuatro pequeños motores eléctricos de 7,5 kW (10 CV) cada uno, que mueven una hélice cada uno hasta velocidades de 400 revoluciones por minuto.

El proyecto está apoyado por un gran número de empresas privadas de muchos países,  las principales son Solvay, Omega, ABB, Schindler y Google. La EPFL, la Agencia Espacial Europea (ESA) y Dassault proporcionan también su experiencia tecnológica.