Borges regresa a Sevilla La conoció cuando era un muchacho y escribió en ella su primer poema. Ya octogenario, regresó a la ciudad. Ahora una exposición y un coloquio con presencia de su viuda, María Kodama, recuerdan al genio en el 30 aniversario de su muerte
Rumbo Cultura

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Hubo una noche del mundo en la que Jorge Luis Borges fue un muchacho de correrías por Sevilla. Desde algún punto de la ciudad, contempló la aurora sobre el río acompañado de un grupo de escritores locales, “unos tipos muy amables, poetas ultraístas, fervientes adoradores de Baudelaire, Mallarmé, Pérez de Ayala, Apollinaire, Darío…». Con ellos anduvo noctambulando, discutiendo emitiendo «juicios arbitrarios bajo los excelsos reverberos cuyas llamas de oro me hacen pensar (ultraístamente) en Budas fervientes que invocan la noche frondosa, he vaciado copas, inspeccionado bailes de prostitutas, comido churros, jugado e incluso ganado a la ruleta, y anteayer por la noche visto el amanecer que se abría en una tormenta de luz sobre el Guadalquivir y transformaba los vidrios del pequeño café donde estábamos en raras y espléndidas vidrieras de púrpura y azul pálido», escribió.

borges-y-maria-kodamaLa relación de Borges con la ciudad ha tenido varios episodios, fue en ella donde escribió su primero poema, Himno del mar, que apareció en la revista Grecia en 1919. Este martes, María Kodama, la última pareja del escritor, aterriza de Buenos Aires para inaugurar El infinito y Borges, una exposición en la Fundación Cajasol que pretende abarcar todos los aspectos relevante de su vida y obra a través de diferentes epígrafes.

Además, a las 20:00 se celebra el coloquio Jorge Luis Borges, 30 Aniversario, en el Espacio Santa Clara, como apertura de la programación literaria Otoño 2016. José María Álvarez, José Manuel Benítez Ariza, María Caballero y José Antonio Antón Pacheco, moderados por Miguel Lasida disertarán la conmemoración del 30 aniversario de la muerte de Borges y se acercarán a los principales valores y claves de su obra y a su impronta en la cultura contemporánea.

En la inauguración también estarán los comisarios Raúl Manrique y Claudio Pérez, directores del activo Centro de Arte Moderno de Madrid, y la coordinadora, Claudia Capel. La muestra exhibe hasta el próximo 20 de noviembre más de 300 piezas originales del fondo del Museo del Escritor de Madrid. Como comenta Capel, poeta que trabaja en la Fundación Borges, en la elaboración de las revistas Prisma y Proa, que fundó el escritor, la exposición supone una auténtica inmersión en el narrador a través de todas las primeras ediciones de sus libros, artículos de prensa de los años 20, 30 y 40, objetos personales como plumas, fotos de familia… «Fue a través de los poetas ultraístas sevillanos que Borges llegó a su maestro, Rafael Cansino, en Madrid. Allí le conocían como ‘el cantor del mar’ por aquel primer poema que escribió en Sevilla».

1266085053La relación del narrador con la capital andaluza tuvo otro episodio clave en 1984, cuando la visitó durante tres días, ya octogenario. Las crónicas de aquellas jornadas recuerdan al escritor inspirado por la felicidad del reencuentro con aquella urbe por la que deambuló muy joven, casi adolescente, y en la que en esta segunda ocasión inauguró un curso sobre literatura fantástica en la Universidad Menéndez Pelayo en colaboración de la editorial Siruela. El autor de El Aleph asistió también a un recital flamenco enmarcado en la Bienal, paseó por Santa Cruz, visitó el Palacio de Dueñas, y montó en coche de caballos junto a Kodama. Además, coincidió con Gonzalo Torrente Ballester, que participaba en el curso inaugurado por Borges. El anecdotario dejó para el recuerdo el intercambio de bastones de ambos genios, que compartieron mantel para evocar aquella Sevilla de los años 20, «la que yo conocía -admitió Borges- y de los ultraístas, esa secta felizmente olvidada».

Kodama ha asegurado a su llegada a Sevilla que está feliz de regresar a la ciudad donde Borges fue feliz. Y lo hizo desde la misma terraza del Hotel Doña María donde el escritor se hizo la famosa foto con Torrente Ballester de la que fue autor Juantxu Rodríguez y que se convirtió en una suerte de póster literario, siendo muy reproducida dentro y fuera de España. En 1989, Rodríguez falleció abatido por disparos mientras cubría la invasión norteamericana en Panamá.

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